En navidad fuimos a visitar a mis padres a Estados Unidos y antes del viaje me preocupaba mucho el tema de que teníamos que estar muchas horas en el trayecto además del cambio de horario. Estaba muy nerviosa pensando en que me podía faltar algo que necesitara mi bebé, que no pudiera dormir, que le dolieran los oídos, etc., etc., etc. Empaqué en el bolso de mano muchas cosas, agua, ropa extra, comida, juguetes,…
Durante el viaje me di cuenta que al final no se necesitan tantísimas cosas, lo indispensable es tener a la mano agua para darle mucha durante el viaje (hay que mantenerlos bien hidratados), un par de mudas de ropita por si se ensucia comiendo y el babero no es suficiente (desechable, es lo más cómodo), una mantita, su muñeca favorita, cuento favorito, y el teléfono con los dibujos que más le gustan guardados en la memoria
En el trayecto de ida las cosas no fueron muy tranquilas que digamos, ya que durante el vuelo más largo no durmió casi nada y comió muy poco, lo que ocasionó que estuviera muy nerviosa, cansada y ansiosa, y cuanto más nerviosa se ponía más difícil era hacer que durmiera (por más sueño que tuviera). Perdimos la conexión de EEUU, lo que nos generó un retraso adicional de 5 horas…imaginaros lo agotador…al final durmió cuando estábamos abordando el vuelo de la conexión hasta que llegamos a casa de mis padres (a las 3am, hora de allí). Mi marido y yo teníamos 24 horas sin dormir, la bebé escasas 5 horas. Sin embargo, al cabo de 1 hora de haber llegado, ya la tenía despierta pidiendo comida y jugar.
Pensé vaya, estas dos semanas serán agotadoras levantándome a las 3/4am a jugar con la bebé, pero al final a los pocos días se fue haciendo un poco al horario de allí. Tratamos que hiciera un par de siestas durante el día (una coincidiendo con la que hace aquí al medio día) y otra por la tarde. La verdad, a ella se le hizo más fácil el adaptarse al horario de allá que a nosotros.
A la vuelta fue más fácil, al tener la experiencia del viaje de ida preparamos todo diferente, menos juguetes, menos ropa y su comida favorita. Durmió más durante el vuelo por lo que estuvo mucho más tranquila. Al llegar a casa volvió a dormir un rato largo, el cual aprovechamos nosotros también (menos mal!!!). Eso sí, el jetlag al volver sí que le pegó mucho más, por suerte, la rutina de la vuelta a la Guardería le ayudo a ajustarse más rápido al horario de aquí.
En resumen, no hay que tener mucho miedo de viajar con nuestros peques, al final lo importante es preparar lo indispensable para tenerlo a la mano cuando lo necesiten, y no hay que sufrir mucho, porque después de la incomodidad que les ocasiona el viaje, luego ellos se lo pasan en grande y disfrutan un montón.


